jueves, 8 de marzo de 2012

Seguir siendo una princesa

Desde pequeña, quise ser una princesa. Jugaba a las casitas, y yo siempre era la madre. Más tarde me explicaron que para ser princesa, había que esperar a que el príncipe te pusiera un hermoso zapatito de cristal, yo muy ilusionada esperé y esperé ese zapatito, nunca me llegó, pero yo seguía soñando con ser princesa
Seguí creciendo y aprendiendo nuevas cosas. Me leían muchos cuentos de los que yo imaginaba ser la protagonista, y como no, una princesa. Soñé con besar un sapo, y con que un ogro me rescatara de un castillo habitado por un dragón. Soñé que vivía debajo del mar y mi única ilusión era salir a la superficie porque allí estaba mi príncipe. Seguí creciendo y creciendo y poco a poco me di cuenta de que ese príncipe, era simplemente una ficción, que no existía, porque más tarde empecé a ver películas de príncipes y princesas que acababan mal, con un triste final, y no con ese de. -Y fueron felices y comieron perdices. Titanic es un gran ejemplo de ello. Más tarde empecé a ver películas llenas de amistad y cariño. De grandes amigas que estaban para lo bueno y para lo malo. Pero realmente, hay muy pocas de ellas, y normalmente las solemos confundir. Solemos decir siempre con las personas que piensan 'a veces' y decir 'a veces' con las que piensan siempre. Teorías de la vida, digo yo. Aquí estoy, con 14 años. Que no son muchos. Pero sé cosas que me gustaría no saber... Porque de pequeños nos ilusionan con grandes cosas, que realmente son grandes mentiras.

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